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Hace ya muchos siglos que Homero nos contó cómo Ulises trataba de regresar a Ítaca, a su casa, tras haber combatido en la guerra de Troya. Cómo luchaba contra todo y contra todos con tal de volver junto a su esposa y su hijo; sus esfuerzos por regresar a un hogar cálido y seguro.
Nuestro Ulises de cuatro patas nunca ha tenido un hogar cálido y seguro. Sus pocos años de vida los ha pasado encadenado de día y encerrado en una caja de noche. Su viaje hasta llegar a nosotros ha sido largo y duro como lo fue el del Ulises de Homero. Y por eso se merece su particular Ítaca. Ulises se merece un hogar en el que abrir sus preciosos ojos a un mundo de ternura y seguridad. Esos ojos que en las fotos reflejan miedo, soledad e inocencia, tienen que convertirse en una mirada llena de vida, alegría y confianza. Ulises tiene mucho miedo, muchísimo miedo a la gente, de la que hasta ahora solamente ha recibido golpes, insultos y desprecios. Hay que acercarse a él despacito, susurrándole bajito su nombre y esperar… esperar a que él sepa que estamos aquí para quererle, para quererle con el alma; y para cuidar de él. Para enseñarle que el mundo no es un lugar tan horrible, que los monstruos, los gigantes y los ogros ya sólo habitan en sus pesadillas; que a partir de ahora hay que aprender a jugar, a confiar y a amar. Si por ahí hay alguien con un corazón inmenso y con las armas necesarias para acabar con los monstruos de las pesadillas; si por ahí hay alguien que quiera querer, que quiera cuidar de nuestro pequeño, dulce y amoroso Ulises, por favor, que no se lo piense y que nos escriba. Ulises tiene que irse a Ítaca, tiene que irse a casa. Ulises es un macho pequeñito que nació en enero de 2010. Se entrega esterilizado, con chip, vacunes, etc. Aunque él está en Sevilla, tenemos facilidades para su desplazamiento a otras provincias.
Precio:
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